sábado, 20 de febrero de 2010

ART. DE UN PORTUENSE,

DEL SENTIMIENTO DEL DESCONTENTO DE LOS HOMBRES
ARTÍCULO DE: Celestino González Herreros

En una sociedad de consumo indiscriminado y a la par, fría y deshumanizada, resulta excesivamente atrevido, buscar algún resquicio de sensibilidad entre sus desorientados moradores. Sorprende verles ir de un lugar a otro, ajenos siempre de sus propias apetencias, como si quisieran huir de lo que buscan o trataran de borrar sus propias sombras, para ser menos advertidos, no dejar huellas en esa corta trayectoria que son sus pasos por la vida.

Hoy he vuelto a sentir está condenada pena por las gentes que, en su desesperado afán de auto rebeldía, se lanzan en pos de la aventura descargando sus más bajas pasiones. Sólo hay que detenerse unos minutos y contemplarles en las urbes y ciudades o pueblos menores, abalanzándose como fieras irrefrenables, motivadas por un común sentimiento, tras un mismo objetivo, sirva como ejemplo: estacionar un coche; tomar un taxi en una parada concurrida; acceder a la entrada de un salón de espectáculos públicos; entrar o salir de un establecimiento cualquiera; etc., etc. Al carecer de sensibilidad humana, urbanidad, y todo eso, se delatan con marcada irreflexibilidad, dan la talla de lo que realmente son. Y como están tan generalizadas esas conductas, donde quiera que vayas te los tropiezas, dejándote un sabor de boca nada agradable. En ese ambiente tienes que moverte y nada puedes hacer por evitarlo, donde quiera que te encuentres toparás con esos pequeños monstruos incultos, impresentables, energúmenos y repulsivos. Y sobrevivirás entre ellos, si al menos consigues ignorarlos previamente y los dejas vivir sus vidas convulsionadas por la soberbia, la agresividad y la escasez de principios cívicos y morales.

Ya es imposible aconsejarles por su bien. Hasta a los niños de la calle, tanto si los vez revolviendo la basura, expuestos a adquirir una enfermedad infecto contagiosa, o si los vez fumando o haciendo cualquier otra travesura, no puedes apartarlos del peligro. La misma Ley te impide que les des un par de nalgadas...Amén del sermón en la vía pública que puedan propinarte, con gestos obscenos y vulgares palabrotas. Ni chicos ni grandes te agradecen lo que quieras hacer por su bien.

Con cierto desencanto les veo malhumorados, con las facciones severas por la contrariedad, regalando miradas de odio a cuanto se les interponga en ese ir y venir en busca de sus objetivos. Les veo agresivos, intolerantes y con gestos "mal educados" adelantarse en esa marcha vertiginosa y no saber en realidad a dónde van... Y por más que cambie de postura y trate de distraer mi atención, les veo siempre mezclados con los ruidos disonantes y la locura habitual entre ellos. Qué pena, que aún exista tanta gente bruta, inconscientes criaturas que han crecido en la ignorancia y que son hijos de ella. La agresividad que reflejan sus miradas es el fuego de sus ardorosos instintos que les consumen por dentro y les ahogan los rencores que llevan consigo...

Y yo no dudo que marchemos hacia una mayor crisis de valores humanos, entonces habremos caído todos en el mismo lodo, porque nadie podrá corregir los rumbos desenfrenados de esa avalancha alocada del anárquico sentimiento del descontento de los hombres.

Los gobernantes deberían pensar más detenidamente en los orígenes del mal, luchar por contener la impaciencia y el desencanto de la humanidad, dándoles otros causes más alentadores, rescatando para ellos la ilusión perdida...

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